Una confesión que sacude la conversación pública.
Eduardo Casanova es uno de los nombres más reconocibles del panorama cultural español de la última década. Actor, director y creador inquieto, se dio a conocer muy joven y ha construido una trayectoria marcada por la valentía creativa y la exploración de temas poco habituales. Su trabajo siempre ha transitado entre la interpretación, el cine de autor y una mirada muy personal sobre la identidad. Esa combinación lo ha convertido en una figura seguida tanto por el público como por la crítica.

Más allá de los focos, Casanova ha defendido el arte como un espacio de libertad y expresión íntima. Su filmografía, tanto delante como detrás de la cámara, suele incomodar, provocar reflexión y abrir debates necesarios. No es un creador de gestos pequeños, sino alguien que concibe cada proyecto como una declaración. Esa coherencia ha hecho que su voz tenga peso dentro y fuera de la industria.
En esa línea se entiende que haya elegido contar una experiencia personal desde un lugar creativo. Lo hizo de manera directa y meditada, con un mensaje que apelaba al respeto y a la empatía. “Rompo este silencio tan desagradable y doloroso después de muchísimos años. Un silencio que guardamos y sufrimos muchísimas de las personas con VIH”, escribió, explicando también por qué el cine era su canal natural. La decisión no fue improvisada, sino parte de un proceso largo y consciente.
El cine como espacio de verdad.
El proyecto en el que está trabajando junto a Jordi Évole ha sido clave en ese camino. Ambos llevan tiempo colaborando en un documental que aborda esta vivencia desde lo humano y lo narrativo. La complicidad entre creador y periodista se ha ido forjando lejos del ruido mediático. Cuando la noticia se hizo pública, la reacción de Évole no tardó en llegar.
“Hace casi tres años que hablo con Edu sobre esto. Y en contra de la opinión de mucha gente que le quiere, él ha decidido contarlo. Gracias por elegirme como pareja en este baile”, escribió el periodista, subrayando el aprendizaje compartido y el inicio de una nueva etapa. En el mismo mensaje dejó claro que el proyecto ha sido también un viaje personal. Incluso respondió con ironía a un comentario desafortunado, recordando que algunas miradas siguen ancladas en el pasado: “Espera, que hay uno por aquí que se quedó en 1995″.
Hace casi 3 años que hablo con Edu sobre esto.
Y en contra de la opinión de mucha gente que le quiere, él ha decidido contarlo.
Gracias por elegirme como pareja en este baile.
He aprendido mucho a tu lado.
Ahora empieza lo mejor. ♥️pic.twitter.com/RcpkvdasFe— Jordi Évole (@jordievole) December 18, 2025
Casanova, por su parte, quiso explicar con claridad las razones de su decisión. “Lo hago CUANDO YO QUIERO. CUANDO YO PUEDO. LO HAGO POR MÍ, pero deseo que esto pueda ayudar a más gente. Lo hago a mi manera, a través del cine, que es mi forma de comunicarme”, afirmó, insistiendo en la importancia de hablar desde la dignidad. También compartió datos que evidencian cuánto queda por avanzar y confesó que, pese a las dudas, se siente en un momento de calma y alegría.
La reacción en el espacio digital.
Tras hacerse públicas estas palabras, la conversación se trasladó rápidamente al entorno digital. Numerosos usuarios han compartido mensajes de apoyo, reflexión y agradecimiento por la valentía del testimonio. Otros han puesto el foco en la respuesta de Jordi Évole y en el tono con el que defendió el proyecto. Las redes sociales se han llenado de comentarios que analizan, aplauden y debaten sus palabras, confirmando el impacto de una confesión que ha ido mucho más allá de lo personal.