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«¡Qué horterada!»: Cachondeo por el tatuaje que se ha hecho Cristina Pedroche en honor a su hija Laia

Cristina Pedroche, el rostro más reconocible de la televisión.

Cristina Pedroche lleva más de una década ocupando titulares y pantallas. Desde sus inicios como reportera en programas de entretenimiento hasta su consolidación como presentadora estrella de Zapeando, ha construido una carrera basada en la espontaneidad, la naturalidad y una cercanía que conecta con millones de espectadores. Su nombre se asocia tanto a la televisión como a las redes sociales, donde comparte su vida con una transparencia poco común entre las figuras públicas.

Además de su faceta televisiva, Pedroche es también un referente de estilo y una presencia habitual en eventos mediáticos. Sus elecciones de vestuario en las Campanadas de Nochevieja han sido, año tras año, una cita obligada para el público y la prensa. Con una mezcla de humor y valentía, ha sabido hacer de cada aparición un acto de autoafirmación, convirtiéndose en una de las personalidades más comentadas del panorama español.

A lo largo del tiempo, ha demostrado que su popularidad no se limita a lo que ocurre frente a las cámaras. En redes sociales comparte entrenamientos, reflexiones y momentos cotidianos, y no duda en hablar de temas personales con honestidad. Esa cercanía le ha permitido construir una comunidad fiel, aunque también la ha expuesto a un escrutinio constante.

Su matrimonio con el chef Dabiz Muñoz ha sido otra de las grandes historias seguidas de cerca por el público. Ambos forman una pareja mediática de éxito y admiración mutua, y juntos celebraron uno de los momentos más importantes de sus vidas: el nacimiento de su hija Laia.

La maternidad, un nuevo capítulo vital.

Cristina Pedroche cumplió uno de sus sueños cuando su hija Laia llegó al mundo. Cuando esto sucedió, la presentadora, que compartió aquellos dulces momentos junto a su marido Dabiz Muñoz, se encontraba muy feliz y no dudó en hacer partícipes de ello a sus seguidores en todo momento.

«Están siendo días de aprendizaje, pero sobre todo de mucho amor», expresó la presentadora poco tiempo después de dar a luz. Y es que, al ser mamá primeriza, estaba viviendo todo por primera vez, y parece que lo estuvo disfrutando al máximo. Eso sí, también quiso dejar claras las partes menos positivas del proceso: «El postparto está siendo ‘interesante’, muchas subidas y bajas de emociones, muchos miedos, muchas dudas, muchas lágrimas…».

«Mi meta en la vida es cuidar y proteger a mi hija», expresó la periodista en una de sus publicaciones. Y es que aunque ha ido mostrando los cambios que su cuerpo ha ido sufriendo a lo largo de los meses, si algo tiene claro la Pedroche, es que será su hija «cuando sea mayor la que decida si quiere que se la conozca o no». Esta afirmación tuvo lugar tras la petición de muchos de sus seguidores de poder ver a la pequeña, algo que tiene claro que no piensa hacer.

Lo imprevisible de sus redes.

Pedroche es una de esas figuras cuya actividad digital nunca deja indiferente. Sus publicaciones pueden pasar de una reflexión íntima sobre la maternidad a una imagen rompedora o un mensaje de empoderamiento personal. Esa dualidad entre lo cotidiano y lo simbólico es parte del magnetismo que ejerce sobre su audiencia. Cada nuevo post se convierte en un tema de conversación, y muchas veces, en debate.

Precisamente una de sus publicaciones más comentadas en los últimos meses tiene que ver con un gesto lleno de significado personal. La presentadora decidió inmortalizar en su piel uno de los recuerdos más poderosos de su vida: el nacimiento de su hija. Y lo hizo con un tatuaje que, como era de esperar, no pasó desapercibido.

Una ola y una letra.

Pero esta decisión no le imposibilita seguir mostrando cualquier asunto de la maternidad que le incumba a ella. Algo que sí publicó la presentadora es el tatuaje que se ha hecho en honor a la pequeña: una ola que termina en una ‘L’. «Mis olas uterinas me trajeron a mi hija… ya siempre conmigo en mi piel y en mi corazón», expresó la de Zapeando para definir su nuevo tattoo.

 

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Con este tatuaje, también ha querido dar las gracias a Carmen Moreno, la especialista en ‘hipnoparto’ que ayudó a Cristina Pedroche a dar a luz. «Gracias @partopositivo por hacerme creer en mí, en mi poder, en que podía superar los miedos y en que soy la mejor madre que mi hija podía tener», ha relatado.

El hipnoparto, su apuesta personal.

Durante los meses de gestación, la presentadora ya anunció que iba a recurrir a esa forma de parto para controlar el dolor durante el nacimiento de su hija. Algo que puso en práctica y de lo que parece estar satisfecha. «No consiste en que nadie te hipnotiza. Consiste en controlar tu respiración y hacer mucha meditación», aclaró ella misma.

«Estaba muy tranquila y no me acordé de ella. En el curso de ‘hipnoparto’ me enseñaron muchísimos recursos para gestionar el dolor y yo me construí mi propia escalera para ir eligiendo una cosa u otra según fuera aumentando la intensidad de las olas uterinas, y la epidural estaba la última de mi lista. No me tuvieron que poner ninguna medicación, ni tuve desgarro, un pequeño punto que ya se ha reabsorbido», aseguró después del nacimiento.

El tatuaje que dividió opiniones.

Esta decisión ha generado muchos comentarios desde que fue comunicada, y con el tatuaje sobre sus «olas uterinas», las críticas se han intensificado. «Eres bastante pesada… dedícate a tus promociones comerciales […] aunque no lo creas hay mucha gente que es madre, ha parido y ha sentido dolor», es uno de los muchos comentarios negativos que ha recibido.

Sin embargo, son muchos otros los que defienden su decisión. Para ellos, el gesto de Pedroche es una muestra de amor sincero y de empoderamiento femenino. En su piel, dicen, ha querido grabar no solo una experiencia física, sino el inicio de una nueva etapa vital. Como suele ocurrir con ella, cada publicación se convierte en un espejo de las emociones colectivas: admiración, crítica, ternura o desconcierto.

Y es que Cristina Pedroche, lejos de buscar unanimidad, parece disfrutar siendo impredecible. Su autenticidad sigue siendo su seña de identidad, incluso cuando eso implica dividir a su público entre quienes la veneran y quienes no logran entenderla.