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Joaquín Prat se rompe en directo en Paiporta y dice lo que todos callan: «Malditos seáis todos los que…»

La peor DANA del siglo golpea a Valencia

Hace poco más de una semana, Valencia vivió la devastadora llegada de la que ya se considera la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) más catastrófica del siglo. Las lluvias torrenciales y las inundaciones que trajo consigo dejaron tras de sí una estela de destrucción, cobrando la vida de más de 200 personas y causando la desaparición de casi un centenar más. Tras el desastre, los habitantes de las zonas afectadas intentan restablecer un mínimo de normalidad, limpiando las calles y recuperando lo poco que el agua no arrasó.

En medio de esta situación desesperante, el periodista Joaquín Prat se trasladó el lunes a Paiporta, uno de los municipios más gravemente afectados. Desde allí, Prat, presentador del programa Vamos a ver, abrió el micrófono para que los vecinos pudieran expresar sus necesidades y su sentir en un momento tan crítico. Las voces de estos habitantes han revelado un profundo malestar y una indignación generalizada, especialmente ante la falta de previsión y los insuficientes recursos desplegados. Este sentimiento alcanzó su punto álgido cuando, el pasado domingo, los habitantes recibieron entre barro a los reyes y a las autoridades que se desplazaron a la zona.

Testimonios de una comunidad desbordada

Durante tres días, Prat y su equipo recogieron testimonios desgarradores de los habitantes de Paiporta, quienes expusieron sus carencias más urgentes. En su despedida de Vamos a ver, el periodista emitió un contundente mensaje: «Aquí la gente está de mierda hasta el cuello, esa es la realidad». Con estas palabras, Prat describió la situación insostenible que viven los vecinos, mencionando las condiciones insalubres y la incapacidad de evacuar el agua de las casas debido al bloqueo de las alcantarillas. Vecinos desesperados han pedido que se desatasquen las vías de drenaje, señalando que sin este paso es imposible contener las inundaciones en sus hogares.

Además de la falta de saneamiento, los vecinos claman por comida caliente, un recurso básico que la maquinaria estacionada en las calles dificulta aún más. Con indignación, Prat compartió el testimonio de Carmen, quien reclamó por la falta de advertencias tempranas que pudieron haber salvado vidas, pues se evacuó a algunos residentes, pero otros, como su suegro en una vivienda social, no fueron alertados y actualmente están desaparecidos.

Reflexión sobre la gestión de emergencias

A pesar de algunos avances en la recuperación, el panorama sigue siendo de completo caos. Prat subrayó la urgente necesidad de ayuda inmediata, y también a largo plazo, dado el nivel de devastación que enfrentan estas localidades. La catástrofe ha expuesto grandes carencias en la coordinación y organización de los recursos, poniendo en evidencia la urgencia de repensar y reforzar los protocolos de emergencia.

En un comentario que invita a la reflexión, Prat planteó una pregunta inquietante: ¿cómo es posible que, a pesar de haber visto cómo el agua descendía desde zonas cercanas como Utiel y Chiva, no se activaron medidas preventivas a tiempo? Según señaló, «con una hora de margen, nadie estaría en las calles», lo que podría haber reducido considerablemente las pérdidas humanas, aunque los daños materiales hubieran sido inevitables.

Críticas a la falta de aplicación de protocolos de emergencia

Prat también denunció la inacción frente a un protocolo de emergencias aprobado desde 2003, y lamentó que en 2024 aún no se haya aplicado de forma eficaz. «Malditos seáis todos los que no lo habéis aplicado», declaró, visiblemente afectado por el dolor de la gente que había conocido en Paiporta. Para él, el esfuerzo de transmitir sus voces a través de la televisión fue fundamental, aunque, reconoció, «la realidad que aquí se vive es mucho peor de lo que cualquier pantalla pueda mostrar».

Con estas declaraciones, Prat dejó claro que esta tragedia debe ser motivo de reflexión profunda para evitar que vuelva a ocurrir una situación similar. La DANA en Valencia no solo evidenció la fuerza de la naturaleza, sino también las fallas de un sistema que, hasta el momento, no ha estado a la altura de las circunstancias ni de la seguridad de sus ciudadanos.