17 Empleados que se enfrentaron a una grosería inaudita (Pero no se quedaron de brazos cruzados)

“El cliente siempre tiene la razón”. Las personas que trabajan o han trabajado alguna vez de cara al público han oído esa frase miles de veces, pero a veces, no es así… los siguientes empleados tuvieron que aguantar de todo por parte de los clientes pero decidieron no quedarse callados:

1.
Recibí un encargo de traducción por parte de una persona. Estuve analizando el documento, calculé la tarifa: X USD por página traducida, que consta de 1 800 caracteres impresos, incluidos los espacios (para aquellos que no conocen este tema: también existen otras maneras de medir el volumen del texto, pero tradicionalmente, se hace así). El cliente dio su conformidad y me puse manos a la obra.

Un día antes de la fecha límite de entrega, al cliente (¡de repente!) “se le abren los ojos” y de una manera rotunda exige que se le rebaje el precio del encargo porque “¡¿Por qué demonios debo pagar por los espacios, si no los tradujiste?!”. Todos mis intentos por demostrarle que la unidad de medida utilizada responde a un estándar generalmente aceptado y que los espacios forman parte del texto al igual que las letras y signos de puntuación, fracasaron. El cliente se mantuvo firme tercamente, las negociaciones llegaron a un punto muerto.

Mi primera emoción fue la de enviar al cliente a freír espárragos, pero me daba pena mi tiempo invertido y esfuerzo dedicado, además mi orgullo profesional se vio afectado, por lo que mi cerebro indignado enseguida propuso un plan en forma de venganza. Ofrecí un 10 % de descuento por una traducción “sin espacios”, el cliente satisfecho mostró su conformidad con positivismo.

¡Desafío aceptado! Internet me aportó una solución y ya, una hora más tarde, al correo del cliente fue enviado el texto “entero” sin un solo espacio. En el mensaje del correo le recomendé colocarlos a su gusto.

Desconozco con certeza cómo reaccionó el cliente, pero a la mañana siguiente sonó el teléfono y la voz que había perdido toda su rotundidad anterior, con un ligero tartamudeo, dijo: “Estoy dispuesto… a pagar por los espacios”. © karafuzzi / Pikabu

2.
Trabajaba en un restaurante. Y si algunos clientes se portaban de manera grosera o irrespetuosa con el personal, pedía a las anfitriona que colocara a su lado en mesas contiguas a familias con niños pequeños. También, a veces, esperaba deliberadamente a que estos clientes se llevaran un gran trozo de su platillo a la boca para preguntarles si todo estaba a su gusto. © phuque_ewe / Reddit

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3.
Hago presentaciones de PowerPoint por encargo. Me encontraron tres cadetes de una escuela de vuelo y me pidieron realizar presentaciones para su trabajo de fin de curso. Hablamos sobre las condiciones, plazo, precio y preferencias. Abonaron parte del costo por adelantado. Les dije que enviaría una al día para su valoración. Incluso les hice un descuento para estudiantes. Tenía tiempo libre y, mientras merendaba, les elaboré magníficas presentaciones en tan solo dos días. Inmediatamente les mandé tres juntas con una marca de agua imposible de borrar que decía “Pendiente de pago” en cada parte del documento. Los chicos dijeron: “Todo está bien, te pagaremos antes de que termine el día”. Y, como suele ocurrir, desaparecieron.

De algún modo me había olvidado de ellos, este trabajo no fue demasiado complicado y además tuve otros encargos. Pero de repente me escribió uno de estos cadetes, solicitándome la devolución de parte del dinero pagado. Al preguntarle por lo que había pasado, recibí su respuesta. Literalmente: “El profesor no aceptó el trabajo de fin de curso, en absoluto, ya que dijo que lo habíamos comprado y se negó a escucharnos debido a tu ’Pendiente de pago’ en todas las diapositivas”.

En respuesta a mi pregunta sobre qué les impidió pagar el resto, según los términos acordados previamente, y obtener una presentación sin marcas de agua, me llamó rata y me puso en la lista negra. Dónde tienen la cabeza estos chicos, ni la más remota idea. © medalby / Pikabu

4.
Tengo un cliente mestizo. Es mitad cliente y mitad maestro zen. Más de una vez liberó mi mente, rompiendo los grilletes de la lógica formal, con el siguiente kōan:

El cliente: “¿Recibiste el archivo?”

Yo: “No”.

El cliente: “Entonces, ahora te lo envío”. © guldan_orc / Twitter

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5.
Mañana, lunes, una llamada.

Cliente: “¿Tienen una promoción, verdad? ¿Regalos?”.

Yo: “Sí”.

Debo añadir que en vísperas de Año Nuevo, nuestra gerencia se volvió generosa y lanzó una promoción: al comprar equipo por un total de 4 500 USD, regalaban equipo adicional y herramientas por un importe de 750 USD. Además, no hablamos de cualquier tontería obsoleta, sino de los artículos más solicitados en nuestra área.

Cliente: “¿Cómo obtengo los regalos?”.

Yo: “Sin problemas, compre equipo por 4 500 USD y recibe sus regalos”.

Cliente: “Es que ya me lo compré…”.

Me quedé de piedra. Pregunté al cliente a qué nombre estaba hecha la compra. Lo busqué en la base de datos, lo encontré y vi que había adquirido el equipo hacía ya un año. Qué personaje más original. Finalmente, le propuse comprar el equipo adicional y las herramientas necesarias con un buen descuento.

Entonces, pensé, ¿y por qué me compré un automóvil hace 6 años y todavía no he reclamado mis regalos? Tengo que pasar por el concesionario de automóviles al salir del trabajo y exigir mi premio, dado que ahora están regalando los neumáticos de invierno. © MagiRulat / Pikabu

6.
En mi época de estudiante trabajaba a tiempo parcial en McDonald’s. Una mujer nos visitaba una vez por semana y siempre pedía “Dos quesoburguesas sin queso”. “Es decir, quiere dos hamburguesas, ¿lo he entendido bien?”, preguntaba cada vez. Y ella perdía los estribos mientras tanto, aunque no tenía idea de lo que estaba haciendo mal. La mujer incluso amenazó con que más me valdría hacerle quesoburguesas sin queso, ya que de lo contrario se quejaría con mis superiores. Finalmente, envolví dos hamburguesas en un envoltorio para quesoburguesas, tuvo que pagar por el pedido (lo que resultó más caro) y metí la diferencia en nuestra caja para recaudar fondos para la caridad. © emp_omelettedufromag / Reddit

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7.
Estoy buscando trabajo y dado que soy un especialista demandado, me llaman a menudo invitándome a entrevistas.

Especialista de Recursos Humanos: “Le ofrecemos un sueldo dos veces menor que el solicitado y un trabajo no del todo de su especialidad”.

Yo: “Temo que no me irá bien”.

Especialista de RRHH: “Venga a la entrevista y tal vez lleguemos a un acuerdo”.

Yo: “¿Dónde están?”.

Especialista de RRHH: “Nuestra producción se encuentra en una ciudad vecina”.

Yo: “No lo veo factible en absoluto. Me supone alrededor de 2 horas ir allí en taxi”.

Especialista de RRHH: “Puede venir en autobús, para por su zona”.

Yo: “Son 3,5 horas (y con tráfico, hasta 4,5)”.

Especialista de RRHH: “Bueno, tendrá que levantarse más temprano”.

Yo: “Tendré que dormir 4 horas al día, 5 días a la semana”.

Especialista de RRHH: “6 días. El sábado, aquí, se trabaja”. © RealScrip / Pikabu

8.
El fundador de la empresa redujo mi bono 2 veces para que yo vendiera 2 veces más. A su juicio, esto es una optimización espectacular. Mientras tanto, estoy mandando mi currículum a otras empresas. Las ventas, por cierto, bajaron. © Directorfilm / Pikabu

9.
Si no comprendes a la gente, no tienes nada que hacer en una tienda de juguetes.

Cliente: “¿Tienen globos?”.

Yo, *señalo a los globos*

Cliente: “No, estos, no”.

Yo: *señalo a las pompas de jabón*

Cliente: “Sí, eso, gracias”. © venomnomnomno / Twitter

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10.
Durante unos 8 años, trabajé en una pequeña empresa, mi salario dependía del volumen de trabajo, salía alrededor de 470 USD al mes. Al pasar un tiempo, mi salario aumentó hasta unos 620 y, a veces, incluso 700 USD al mes. Un día, el director se me acercó, curioseando:

Director: “¿Has comenzado a ganar más?”.

Yo: “Sí. He optimizado los procesos laborales y consigo hacer un mayor volumen de trabajo en el mismo tiempo”.

Director: “Entonces, este trabajo se puede hacer más rápido”.

Yo: “Sí, es posible”.

Director: “Entonces, tu trabajo debería costar menos porque te lleva menos tiempo”.

Yo: “No, no debería, he optimizado el proceso por mi propia cuenta y gracias a mis conocimientos, hago más trabajo, gano más”.

Director: “¡Me estás estafando!”.

Dejé el trabajo. Más tarde, mis excompañeros me contaron que el director contrató a tres estudiantes en mi función y no podían hacer frente a la carga de trabajo que hacía yo. Por lo visto, la experiencia es un grado. Por cierto, a cada estudiante le pagaba 315 USD. © Endlan / Pikabu

11.
Trabajo en un restaurante. En el último banquete, el cliente nos trajo un ganso vivo. Bueno, obviamente, teníamos que matarlo de algún modo. Y era tan lindo, nos miraba a los ojos, girando su cabeza sin entender nada. Se juntaron los cocineros, chefs, meseros, el gerente, el manager: no sabíamos qué hacer. Finalmente, di la orden de traer un ganso congelado del almacén. Y aquella oca, desde entonces, vive conmigo. Se llama Peter. Y ahora soy vegetariana. © Oído por casualidad

12.

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El mar

13.
Trabajo en un restaurante. Si los clientes se comportan de manera grosera conmigo, tengo un par de maneras de vengarme de ellos. Por ejemplo, puedo “olvidar” advertirles que los platos están calientes. O bien, si a la mesa están sentadas dos personas, les llevaré una cantidad impar de pan de ajo para que tengan que combatir por la última rebanada. © eslike711 / Reddit

14.
Trabajaba como correctora de textos: leía los escritos de los que se llamaban escritores. Todos los clientes tenían algo, pero más destacó una chica: escribió un análogo ruso de “Canción de hielo y fuego” en formato comprimido, copiando todos los personajes sin excepción. Quebró mi mente, llamándome por las noches, chillando porque no entregaba mi trabajo antes de lo previsto. ¡Me harté! Le escribí que, simplemente, insertara en el texto de George R. R. Martin los nombres de “Vasili”, “Katerina”, “Ivanov” y similares. Y el dinero por mi trabajo, que lo guardase para un buen abogado. © Oído por casualidad

15.
Durante un tiempo, trabajé en una tienda. Como siempre, cerramos a las 21:00. Entonces llegó un cliente y comenzó a llamar a la puerta y gritar. Esperó a que mi compañero saliera a la calle y enseguida se coló dentro. Le dije que ya estábamos cerrados, pero me insultó y comenzó a elegir productos. Entonces, le pedí a mi compañero que saliera, apagué la luz y encendí la alarma. Después, cerré las puertas desde afuera y me fui. © SelfHelpGenius / Reddit

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16.
En mi trabajo de freelance tengo a un cliente que solo contrata a hombres. Es decir, le da igual el portafolio y la profesionalidad: las chicas, según él, no saben nada. Trabajo con él bajo el pseudónimo de Sergio. Con Sergio, está satisfecho. © deadjane666 / Twitter

17.
Mi abuelo, junto con su hermana, trabajaba en la panadería de su madre. Por la mañana, ella colocaba en el mostrador una bandeja con las galletas gratuitas para que los clientes pudieran probarlas. Casi cada día, visitaba la panadería un leñador fornido, quien de una manera muy obsesiva trataba de cortejar a la hermana de mi abuelo y se comía todas las galletas de la bandeja. Mi bisabuela no le daba ninguna importancia a esto, pero a mi abuelo, literalmente, lo enfurecía. Un día, añadió a las galletas un potente laxante que se les daba a los caballos. En cuanto el leñador corpulento cruzó el umbral de la panadería, mi abuelo intercambió las bandejas. Como era de esperar, este se comió todas las galletas. Según mi abuelo, ya no volvieron a ver a aquel leñador. © Jan Bergeron / Quora

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