14 Historias sobre personas que querían ahorrar, pero consiguieron todo lo contrario

No todo son buenas intenciones, a la hora de ahorrar hay que saber muy bien como hacerlo porque se puede convertir en todo lo contrario y una gran pérdida de dinero y de tiempo, hay personas que pensaban que lograrían ahorrar con sus actos pero consiguieron el efecto contrario…

Estas son algunas de las historias de personas que ahorran en vano:

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    • Cuando en nuestra ciudad se inauguró la primera tienda de una de las cadenas minoristas más grandes del país, mis padres se apresuraron a ir. A otro barrio, en dos autobuses, pero ahí es más económico. No hace falta decir que llenaron 2 carritos y regresaron en taxi… © kseroks2016 / Pikabu
    • A los 11 años, mis padres me regalaron unos patines de la talla 38. Por supuesto, para ahorrar dinero y no comprar unos nuevos en uno o dos años. Tengo 27 años. La talla de mi pie es 36. Nunca crecí lo suficiente como para usar los patines. Y tampoco aprendí a patinar. Pensé que era simplemente imposible para mí aprender hasta que me compré patines nuevos del tamaño correcto. Resulta que si los patines son de tu talla, ¡patinar es mucho más agradable!

patines de cuatro ruedas

    • Compré un departamento ayer. No es una hipoteca. Solo ahorré dinero durante 7 años, me negué todo, viví muy modestamente (cocinaba yo mismo, excepto una computadora portátil y un teléfono, no compré nada caro para mí, no iba a clubes, ni a fiestas), alquilaba un departamento, y de repente me alcanzó para un monoambiente. Sin mamá, sin papá, sin préstamos. Pero no siento alegría, y hay vacío en mi alma, como si no hubiera vivido durante 7 años, sino solo existido. Como si el objetivo de mi existencia fuera comprar un departamento. Bueno, lo compré, ¿y ahora qué? ¿Ahorrar para un auto? ¿Limitarme en todo de nuevo? Ya no tengo ganas. ¿Ir a las fiestas? Tampoco tengo ganas, ya estoy en otra edad. También pasan cosas como esta. © Rumaxer / Pikabu
    • Cuando era pequeña, no teníamos dinero. Mamá me arrastraba a la tienda mayorista para comprar comestibles, llevaba frutas baratas, de las que se tiraban, galletas rotas, con descuento, etc. Decidí que crecería y compraría todo en las tiendas más cercanas, sin contar cada centavo. Y ahora ya crecí, gano suficiente dinero. En mi descanso para el almuerzo, corro a una tienda mayorista y compro fruta machucada, productos enlatados con descuento y galletas rotas. No veo el sentido de gastar en comida innecesariamente. ¿Qué es esto, ahorro razonable o pensamiento de persona pobre? Ya no puedo entenderlo. © Ideer
    • Había una oferta en una tienda por unos jeans geniales con un súper descuento de una talla más pequeña de la que necesitaba. Estaba inspirada, justo quería perder peso. Pensé que no podía dejar pasar semejante descuento. Compré los jeans con descuento, y con ellos la esperanza de perder unos kilos. Nunca perdí peso… nunca usé esos jeans.

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  • Una vez, decidí ahorrar dinero de la anestesia en la consulta con un dentista. Proceda así, dije, puedo aguantar… Eran mis tiempos de estudiante, la beca era muy pequeña, bueno, ahorraba en lo que podía. Pero mi umbral de dolor es muy bajo. En resumen, el dentista hurgó un minuto en mi boca, me vio retorcerme en la silla, con lágrimas que corrían por mi rostro, tiró el instrumento, gritó “¡Así, noooo! ¡Deja de hacerte la espía capturada que no va a hablar!” y me inyectó anestesia. Gratis… © Ideer
  • Mi madre me contó que siempre que en su escuela les servían salchichas, al día siguiente había salchichas en masa. Algunos niños no terminaban sus salchichas el día anterior, solo les habían dado un bocado. Y tras cortarles las puntas con el mordisco a estas salchichas, las insertaban por ambos lados en la masa. © saperavi / Pikabu
  • Una vez, mi novio y yo fuimos de vacaciones a una de las islas del mar Adriático. Pensamos de antemano que iríamos al hotel a pie desde el aeropuerto para ahorrar dinero y al mismo tiempo pasear un poco. Y no importaba que estuviera en el extremo opuesto de la isla. ¿Y qué? “La isla es pequeña, no pasa nada, ¡apenas son unos 25 km!”, pensamos. Nos encanta caminar. Cuando salimos del aeropuerto, nos dimos cuenta de lo estúpido que era eso. En el calor de 35 grados, con nuestras maletas, cojeamos sobre un camino lleno de baches mientras los autos pasaban por la carretera junto a nosotros. En pocas palabras, caminamos como pudimos hasta la ciudad, que estaba ubicada cerca del aeropuerto (a unos 2 km). Y allí tomamos el autobús. Todavía recuerdo nuestra ingenuidad y ganas de ahorrar dinero.
  • Me pidieron que recogiera a unas tías. Estaban sentadas atrás en el auto y hablaban entre ellas: “Mira, compramos esto y esto aquí, y en nuestro barrio un kilo cuesta 5 centavos más. ¡Qué ahorro!”. En este punto no pude resistir y me metí descortésmente en la conversación: “¿Y cuánto cuesta un taxi para llegar a casa? ¿5 USD?”. Viajaron el resto del camino en silencio. Naturalmente, no me dieron dinero. No las llevé más. © vmr99 / Pikabu

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  • Mi amiga buscó a propósito a un soldado para que fuera su marido. Y no porque fuera un verdadero hombre y protector, ¡sino porque es práctico! Ya tiene ropa, un par de camisas serán suficientes para él (y ella podría comprarse más vestidos), está acostumbrado a una comida común, por lo que no necesitaría cocinarle mucho y, además, les reparten raciones secas (ahorro en comida). En resumen, no es un hombre, sino un verdadero hallazgo… © Ideer
  • Los zapatos más caros de mi vida cuestan 4 USD. Me compré unos zapatos en una tienda barata, quería ahorrar dinero. Como suele pasar, los zapatos resultaron ser tan duros que parecían de madera, mis pies sudaban y era incómodo caminar. Pasé solo un día usándolos, por lo que se convirtieron en los más caros. 4 USD por un solo día de uso no es nada barato.
  • Conté que si me negaba todos los días a tomar un capuchino por un valor de 2,40 USD a 3,50 USD, entonces para fin de año tendría una impensable cantidad de días llenos de sufrimiento debido a las autorrestricciones. © m_stont / Twitter
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