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10 trucos sucios que usan algunos bares para engañar a sus clientes

Cobrar por los cubiertos.

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Aunque no es una práctica habitual (afortunadamente) hay bastantes bares en España que inflan la cuenta de una forma descarada y que según FACUA es completamente ILEGAL. ¿Cuál? Cobrar los cubiertos que utilizas para comer con tu menú del día o con unas simples raciones.

Salvo que la idea sea que los paguen los clientes que quieran llevárselas a casa, es tan ilegal como que te cargasen una cantidad adicional por limpiar la mesa o poner el mantel”, ironizan desde FACUA.

Lo que sí es legal (y a su vez habitual) es que te cobren por el servicio o un extra por consumir en la terraza. Si te pasa, ya sabes lo que tienes que hacer… ¡negarte en rotundo a pagarlo!

¿La carne como la quiere? Si te gusta hecha, pagas más.

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Aunque parezca sorprendente, hay ciertos locales que no tienen ningún tipo de problema en cobrarte un suplemento cuando pides la carne “muy hecha. Si eres de los que te la comes “al punto” te libras pero si te gusta bien “tostadita” (¡se tarda más, te toca pagar más!) te va a tocar soltar algún euro más.

Se ve que hay que compensar de alguna forma el descomunal sobreesfuerzo que representa para el cocinero. ¿Aplicarán un descuento si la pides casi cruda? Obviamente, ni se te ocurra aceptar esa tomadura de pelo”, justifican desde FACUA.

El menú del día NO se puede compartir.

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Eh, eh, qué estás haciendo, que tú te has pedido el filete y está cogiendo merluza, ¿qué haces?”. Esta entrometida pregunta se puede escuchar a diario en bastantes bares de nuestro país. El camarero te fusila con la mirada cuando le coges un trozo del plato al de al lado para probarle. ¡NO SE PUEDE! Te lo repite una y otra vez a voces.

Según FACUA, no existe ningún tipo de legislación que diga que el menú del día- ¡cómo si fuera un DNI o una tarjeta de crédito!- sea personal e intransferible.

¿Quieres pan? Tranquil@ que lo vas a pagar.

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Pese a que en muchos menús del día y con algunas raciones se incluye pan, hay en ciertos locales de restauración que de forma muy simpática —e inteligente— te acercan la bandejita de pan nada más sentarte en la mesa. “Míralos, acabamos de sentarnos y ya nos están ofreciendo algo”, te reafirmas con tus amistades. ¡Sí, majos, pero ya verás cuando en la cuenta te lo haya cobrado!

FACUA asegura que es algo completamente legal pero que debe estar en la lista de precios. Si vas a comer un bar, ten cuidado con esto porque igual te vuelves loco a mojar y lo que acababa empapada es tu cara de sudor cuando veas que te han cobrado 8 euros por el pan.

¿Qué la bebida está caliente? ¡Pues te cobro por los hielos!

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Según apunta FACUA, otra de las prácticas más habituales de los bares es la de cobrarnos los hielos. Sí, el litro de petróleo está ahora mismo por los suelos pero se ve que el de agua de grifo está por las nubes.

Su estrategia es muy sencilla: te ponemos la bebida más o menos (es decir, ni frío ni calor) y hielo, lo justito y del malo, del que se derrite rápido. ¿Qué pasa? Que el cliente pide más y así, con tu cara bonita, te lo puedo cobrar.

Cuidado no te vayan a cobrar por cada cubito extra (…) Si se trata de un café, siempre tienen la opción de incluir en la carta el “café con hielo” como un producto distinto. Es bastante cutre pero admisible legalmente“, señalan desde FACUA.

¿La carne y el pescado? ¿Por gramos o por unidad?

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Ciertos bares y restaurantes —principalmente los que tienen un caché más elevado— ofrecen productos se venden al peso. ¿Por qué? Los cocinan como “platos exclusivos”. Eso, tal y como apuntan desde FACUA, tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

Es recomendable y razonable informar así pero para no llevarte a error, la carta debería aclarar el peso media y el precio que le corresponde”, advierten la organización de consumidores.

Si no ocurre esto, podemos encontrarnos con casos desagradables: una lubina de 3 kilos que jamás imaginabas que podía existir, unos solomillos (ni Wellington ni nada) que podrían ser más altos que el Empire State. ¿Cómo repercute en la cuenta? Pensando que ibas a pagar 40 euros y al final 160. ¡Para que luego digan que el tamaño no importa!

Pides unas bravas y te traen una bolsa con un sobre de kétchup.

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Es una exageración pero es una práctica que ciertos locales de restauración utilizan para engañar a los clientes. Sí, hablamos de adornar la carta intentando ofrecer productos que suenan realmente bien pero que luego no tienen nada que ver con lo que te llevan a la mesa.

Las patatas bravas son muy solicitadas por jóvenes y no tan jóvenes. Un producto estrella de los bares. ¿Qué piensas? Vamos a pedir una ración. Te cobran una ‘pasta’ y luego resulta que son patatas de bolsa y con un sobre ‘guarro’ de kétchup un tanto picante.

Y si te pasa con unas bravas todavía pero también es común que la carta venga acompañada con una imagen del producto en cuestión y que cuando te lo sirve el camarero te quieras tirar de los pelos. ¿Qué demonios ha pasado con esa paella que tenía tan buena pinta? Mala suerte, se ha acabado. ¡A ti te ha tocado el grano de arroz pegado, con más colorante que los Risketos y diez pastillas de Avecrem!

Las bebidas NO aparecen en la carta

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No, no se quedaron sin tinta en la imprenta a la hora de hacer la carta del bar o restaurante al que acudes frecuentemente. Si las bebidas (refrescos, vinos, cervezas o agua) no aparecen es porque hay una intención clara de que te quieren cobrar un pastizal adicional.

Esto tiene una evidente explicación: no te pongo los precios, pides las que te apetezcan con el calorcito y la sal de los platos – que lo hacen aposta- y luego con la cuenta: ¡SORPRESA! Nada más y nada menos que 15 euros con bebidas (y eso que habéis pedido dos cada uno).

¿Te has preguntado por qué ponen patatas fritas o cacahuetes como aperitivos?

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No, no existe un estudio que asegure que las patatas fritas, los panchitos o las aceitunas sean el aperitivo más utilizado en los bares. Sin embargo, no nos hace falta para poder AFIRMARLO.

Pero… ¿Por qué les gusta a los dueños de los bares ponerlos tanto? Por dos motivos: uno, son baratísimos (imagina lo que puede costar una bolsa gigante de patatas correosas) y dos —¡y la más importante!—, porque tienen una cantidad de sal desorbitada que va a hacer que te tengas pedir, como mínimo, otras dos consumiciones más.

Ya no te decimos nada si el menú del día es barato. Mientras te ponen la cervecita y esperas, unos cacahuetes salados o unas bravas o alioli te van a dar más sed que un día entero vendimiando.

Soy majo y atento… ¡pero te cobro hasta una ASPIRINA!

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No, no es ningún tipo de broma. Tan real como la vida misma. Un restaurante catalán decidió cobrar 25 céntimos… ¡por una ASPIRINA! que le pidió una clienta a la que le dolía la cabeza. El camarero fue muy atento pero les tenía guardada la sorpresa de que iba incluida en la cuenta final.

FACUA asegura que, además de ser una práctica ilegal (sólo pueden suministrarlas las farmacias y los centros sanitarios), no pueden cobrarla bajo ningún concepto. “Si ocurre algo extraño, el local se puede meter en un buen lío”, justifican desde la organización de consumidores.

¿Qué os parece a vosotros? Contádnoslo en los comentarios.

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